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estadio viejo y nuevo gasometro

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El Wembley porteño
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El Viejo Gasómetro de Avenida La Plata fue un ícono del deporte nacional. Allí se jugaron muchos de los partidos más importantes del fútbol local, hasta su desaparición a fines de los setenta.

Por Pablo Lafourcade






El sueño venía desde hacía un tiempo. Los chicos apadrinados por el cura Lorenzo llevaban varios años jugando en terrenos ajenos, muchas veces lejos del barrio que les prestó sus calles para darle vida al club. Pasaron ocho calendarios desde la fundación para que el club inaugure su casa. El Gasómetro de Avenida La Plata abrió sus puertas el 7 de mayo de 1916, por un partido correspondiente a la quinta fecha del torneo de Primera División. Fue victoria 2-1 ante Estudiantes de La Plata, con goles de Antonio Moggio y Elizardo Fernández.

Poco más de una década más tarde, en 1928, San Lorenzo compró los terrenos donde estaba enclavado el estadio, que hasta ese momento le habían sido alquilados por las monjas del colegio María Auxiliadora y la familia Onetto. En el 29, bajo la presidencia de Pedro Bidegain, fue ampliado y llegó a tener capacidad para 75.000 espectadores. Desde entonces se convirtió en el escenario casi obligado de los más importantes cotejos nacionales e internacionales.

En sus primeros años de vida jugaron en el césped del Gasómetro glorias azulgranas como Luis Monti, Carricaberry, Diego García y el brasileño Petronilho de Brito. El estadio fue testigo de los cuatro goles del vasco Isidro Lángara, ante River, el día de su debut. Después llegó el título de 1946 de la mano de la delantera más legendaria del club: Farro, Pontoni y Martino.
José Sanfilippo, el máximo goleador azulgrana, fue pieza fundamental para el campeonato del 59... Y en 1968, Los Matadores sorprendieron al fútbol nacional, de la mano de Elba de Paula Lima, Tim, y de un grupo de jugadores de gran talento: Villar, Albrecht, Rendo, Telch, Cocco, Veglio y Fischer. En el 72 se festejó por partida doble de la mano del arrasador equipo del Toto Lorenzo y en 1974, con los misiles del Gringo Scotta, el Gasómetro fue testigo de su última vuelta olímpica. Fueron en total diez campeonatos, entre amateurs y profesionales.

Después, de ese título la historia es conocida: fue una combinación nefasta. A fines de los 70 y principios de los 80 San Lorenzo tenía dirigentes que no estaban a la altura de las circunstancias, y la dictadura que decidía los destinos del país lo presionaba para que deje su mítico estadio de Avenida La Plata. Mediante clausuras poco claras y ordenanzas que obligaron al exilio, el Ciclón perdió su lugar en Tierra Santa. Triste, solitario y final, como el título de la novela de Osvaldo Soriano, así­ quedó el Gasómetro de avenida La Plata hasta que en 1982 llegó su demolición.

Hoy, a casi 30 años de la disputa del último partido (fue en 1979 ante Boca), la ilusión de volver sigue intacta. Sus hinchas saben que, a mediano o largo plazo, el Ciclón será otra vez local en Boedo.





Un estadio construido por la pasión

El Nuevo Gasómetro fue inaugurado el 16 de diciembre de 1993. Los bonos contribución, las donaciones y la venta de los cerámicos que adornar sus paredes fueron la base para la construcción. Con varios títulos encima, el estadio Pedro Bidegain se metió en el corazón del pueblo.

Por Mariano Viegas






Fueron 14 años de tristeza tras el despojo sufrido en 1979, de duras peregrinaciones por otras canchas del fútbol argentino, de sueños rotos y frustraciones. Los tablones destinados a recibir y a unir al hincha azulgrana por siempre, a sostener las bases de su efervescente pasión y a temblar en cada grito de gol, fueron separados. Cada astilla fue un puñal en el corazón de San Lorenzo, que debió esperar más de la cuenta para volver a ser local.

La gente jamás pisó con alegría las tribunas de Huracán por ser el rival de toda la vida, nunca se sintió cómoda en La Boca, se acostumbró a quedarse afuera de Ferro por la multitud que colmaba Caballito y no pudo seguir viajando a Liniers porque los dirigentes de Vélez se negaron de un día para el otro a alquilar su estadio, ante la cantidad de socios jóvenes que eran atraídos por el Ciclón.

Con la llegada de la década del ’90 comenzó la planificación del nuevo hogar, que encabezó Fernando Miele y costó alrededor de 20 millones de dólares. Luego llegarían las acusaciones contra el presidente por corrupción y su abrupta salida de la institución. Para poder afrontar los gastos de la construcción se sacó un bono contribución, se pusieron a la venta los cerámicos que actualmente adornan las paredes del estadio, se recibieron donaciones especiales y hasta se organizó una pre-inauguración a mediados de 1993.

La sentida, emotiva y recordada inauguración fue el 16 de diciembre de ese año, tras 52 semanas de parto. San Lorenzo dejó de ser inquilino, pisó otra vez su verde césped y volvió a ser dueño en el Pedro Bidegain, en homenaje al presidente del club en 1929 y 1930. Y el partido no podría haber arrojado otro resultado que una victoria azulgrana: fue 2-1 ante Universidad Católica, con goles de Claudio Biaggio y Luis Artime.

Con el recuerdo todavía latente de Avenida de La Plata, al hincha le costó un poco arraigarse y enamorarse. La relación empezó a crecer con el festejo de 1995, cuando el Ciclón fue campeón en Rosario y cortó una nefasta sequía de la mano de Héctor Veira. Dos años después, se completaron los codos lindantes con la Platea Sur y el techado de la Norte. El primer beso se produjo en 2001, cuando el equipo conducido por el chileno Manuel Pellegrini se adueño de varios récords y se coronó en el Clausura frente a su gente, algo que no había sucedido en los títulos anteriores y que ni La Catedral había podido disfrutar.

Está claro que el Nuevo Gasómetro, donde el Ciclón también obtuvo la Mercosur 2001, la Sudamericana 2002 y el Clausura 2007, es gran parte de la historia, pero no es casualidad que los festejos siempre desemboquen en el mismo lugar, allí donde todavía se escucha y se siente el latir de los tablones, allí donde la gente quiere regresar, allí donde se alzaba el Viejo estadio. Las peregrinaciones en busca del posible retorno no cesarán, aunque pasen otros 100 años.

 

 

 

 

Tribuna de madera, bulones, estructura de hierro donde se afirmó desde hace mucho tiempo, la pasión de miles y miles de hinchas. Era mucho más que un estadio de fútbol. Era la casa de una gran familia, donde el deporte arrazaba a chicos, jóvenes, mayores, todos vinculados con los mismos colores Azulgranas. No solo era fútbol. Abajo de las gradas se jugaban partidos de handball, hockey sobre patines; en el Gimnasio General San Martín se lucía el básquet, todo tipo de gimansias, y voley. Al aire libre también se realizaban actividades deportivas: Pelota al cesto, tenis, bochas. Lo más lindo era la enorme pileta que, verano tras verano, era el evento preferido por los niños. Pero no todo era desgaste físico. También había ajedrez, damas, canasta, y una biblioteca. Aquellos hinchas del Ciclón forjaron el sentimiento que hoy vive en mi corazón. Tal vez suena nostálgico, melancólico, o medio puto, pero no podemos olvidar aquellas cosas que nos formaron. Hay que tener MEMORIA, para que lo malo sea modificado, y no vuelva a pasar, NUNCA MÁS. De un día para otro nos vimos obligados a vivir con lo que nos dejaron. ¿Qué estamos haciendo para dejarles a los que nos siguen? No seamos egoístas, este Club tiene un principio, pero no tiene un fin. Pudieron cerrarnos las puertas de Av. La Plata, pero lo que nunca podrán cerrar es la memoria de los auténticos sanlorencistas. ¿Ya es tarde? ¿Qué se puede hacer? DEPENDE DE VOS, DEPENDE DE NOSOTROS. Si es cierto qeu la justicia existe y es divina, NOS TIENEN QUE DEVOLVER LA CASA QUE NOS ROBARON.

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Página creada por casla2010 con la colaboración de sanloree.

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